Avances hacia infraestructuras subterráneas y resiliencia eléctrica en el siglo XXI
La Ley 21.172, conocida popularmente como "Ley Chao Cables", marca un hito significativo en la evolución del sistema eléctrico y de telecomunicaciones en Chile. Esta legislación comenzó como un proyecto enfocado en despejar el paisaje aéreo, pero ha derivado en una transformación estructural que busca mejorar la seguridad y modernidad de las redes eléctricas. COVISA, una empresa chilena con más de 45 años de experiencia, resalta esta legislación como una oportunidad para repensar el ciclo del cobre en Chile, impulsando un progreso hacia infraestructuras eléctricas subterráneas y sostenibles.
La resiliencia eléctrica se define como la capacidad de un sistema para resistir, adaptarse y recuperarse de fallas o emergencias. Desde este enfoque, la Ley Chao Cables contribuye directamente a la resiliencia del sistema de distribución, ya que cada cable retirado reduce potencia de fallas. La eliminación de tendidos aéreos no solo embellece las ciudades, sino que también fortalece la confiabilidad del sistema eléctrico, reduciendo riesgos asociados a cables envejecidos o en desuso, que pueden generar cortocircuitos o interrupciones del servicio. Garantizar un mantenimiento preventivo se vuelve, por ende, esencial para asegurar la continuidad operativa y la seguridad en la red eléctrica.
Además, el reciclaje del cobre, un recurso estratégico para el país, juega un papel crucial en esta modernización. Aunque no todo el metal retirado puede ser reutilizado de inmediato, es esencial que pase por procesos de fundición y refinación controlada. COVISA está comprometida con la creación de cadenas de reciclaje certificadas y con garantizar la trazabilidad del material recuperado, evitando que finalice en mercados informales. Esto no solo optimiza el uso de cobre, sino que también se alinea con prácticas de economía circular, donde cada proceso de valorización del cobre contribuye a su reintegración en nuevos ciclos productivos.
Finalmente, el futuro del sistema eléctrico en Chile implica avanzar hacia la subterranización de redes eléctricas y de telecomunicaciones. Este cambio no solo se fundamenta en consideraciones estéticas, sino en una necesidad tecnológica para afrontar desafíos climáticos y mejorar la seguridad pública en áreas urbanas densas. Las redes subterráneas, al estar menos expuestas a eventos climáticos adversos, proporcionan una mayor estabilidad y disminuyen las interrupciones de servicio. Este esfuerzo hacia modernizar la infraestructura eléctrica debe estar acompañado de un enfoque integral que incluya materiales confiables y normas rigurosas.




